Completamente concentrado en su trabajo sintió como una gota resbalaba lentamente por su mejilla hasta llegar poco a poco a la comisura de su boca, inclino un poco su lengua, aun mejor que el sudor. Era el sabor de su recompensa por su arduo trabajo, saboreo la pequeña gota de sangre mientras contemplaba unas de sus mejores obras terminadas. Era simplemente hermosa.
Hacía una mañana especialmente fría en Estocolmo. La plaza de Stortorget, normalmente desierta, se encontraba totalmente llena de gente. Justo en medio de la plaza una hermosa mujer, vestida y maquillada impecablemente que ostentaba de un exuberante escote de su vestido blanco al mejor estilo de Marilyn Monroe se robaba todas las miradas. Sus carnosos labios rojos hacían perfecto contraste con su tersa piel blanca, su cabello rubio llegaba justo a la altura de su escote, su busto, su cintura, su cadera, eran perfectos; casi surrealistas, al igual que sus ojos. Su mirada penetrante, gris y fría perdida en algún punto del horizonte.
Todo en aquella chica era perfecto, excepto por un pequeño detalle… Llevaba muerta doce horas y aproximadamente dos horas de pie. Es decir amarada de manera casi imperceptible a una pequeña estructura que sostenía su peso en la mitad de la plaza de Stortorget, ahora acordonada por la policía y los miembros de medicina legal. La chica había sido violada, torturada y luego asfixiada, no había rastros visibles pero los forenses ya lo sabían, esta no era la primera vez que las calles de Estocolmo eran testigo silencioso de “el artista”.
Evelyn Larsson había desaparecido hacia tan solo 22 horas, nadie había reportado su desaparición aun pero su compañero de cuarto y con quien tenía una relación hacia más de dos años se había estado preguntando en donde había pasado la noche. No le dio tanta importancia, no era la primera vez que ella viajara a Upsala sin avisar.
Jonas Wenström era director de su propia compañía, una de las más grandes y conocidas de Suecia. Hombre de negocios bastante ocupado, siempre soñó con ser artista. En su sótano tenia lo que había adaptado como su pequeño taller, allí pasaba la mayor parte de sus horas libres, solo, con su arte era donde mejor se sentía.
Esta vez Alice Lindberg estudiante de segundo año en universidad de estocolmo era quien tendría el privilegio de ser su lienzo, pero antes tenía que divertirla un poco y no podría olvidarse de divertirse el también. Lo primero que hizo fue complacerla, lo veía en su cara, en sus ojos y su boca que aun se dibujaba por encima de la cinta adhesiva que le impedía gritar. Con la mirada ella le rogaba que no la tocara y que la dejara irse. El entendía exactamente lo que debía entender, lo que todas las chicas que habían estado en esa misma mesa, con esa misma mirada le rogaban; que las penetrase.
El con gusto accedió, pero no de la manera esperada. De algún lugar que la chica no pudo ver el sacó una rama de árbol astillada y lo suficientemente grande como para ser usada como bate de beisbol, llena de sangre de alguna victima anterior. La introdujo de un solo golpe por su vagina, ella sintió como su útero y sus intestinos ahora eran una sola masa dentro de su vientre, no podía gritar, no podía moverse, solo podía sentir como aquel hombre desgarraba su cuerpo de adentro hacia afuera por alguna razón desconocida.
Alice murió casí inmediatamente, su cuerpo se apagó como una vela. Wenström estaba totalmente fuera de sí, la estúpida chica murió antes de tiempo. El no pudo divertirse ni dejar que ella se divirtiera, ahora tendría que ponerse a trabajar sin saborear los besos de Alice bañados en sangre. Ya no podría saborear la hemorragia interna en su mirada, cosa que tanto lo excitaba, sin duda aquella estúpida chica débil le había jodido el día.
Jonas Wenström pensó por un momento cual seria esta vez el enfoque de su obra. Decidió darle a Alice un toque rebelde y descomplicado que contrastaría bastante con la imbécil niña casi virgen que había sido en vida y que le había costado parte de la diversión de la noche. El primer paso era siempre el mismo, extraer los órganos y colocar en su lugar felpa, así el cuerpo quedaría más liviano y se podría sostener mejor en una posición natural: Wenström disfrutó mucho el primer corte transversal del abdomen de Alice, como nunca antes, pudo ver como una de sus herramientas preferidas había destruido los órganos de la chica. Se lo merecía, era una maldita puritana que algún día aprendería a vivir la vida, bueno ya no pero eso daba igual, no era problema suyo.
Al extraer cada órgano no podía contener las carcajadas, disfrutaba esa hermosa sensación de plenitud que le proporcionaba apretar los tejidos aun tibios de Alice y sentir como se esparcían por sus manos para colarse entre sus dedos. Era una impresión incomparable, pero el trabajo debía continuar. Para lograr el look rebelde le parecieron convenientes un par de tatuajes, pero como odiaba lo convencional lo hizo aun más interesante. Una escarificación quedaría muy bien y el tono rojo de la carne casi viva expuesta contrastaría perfecto con la blusa negra que tenía en mente para Alice.
Cada corte era más placentero que el anterior, arrancar los trozos de piel y dejar el tejido al descubierto era una sensación única, hermosa y sublime. Un tribal en la zona baja de su espalda cada vez tomaba mas forma, ahora unas cuantas mariposas alrededor del antebrazo derecho y estaría lista, cada tira de piel desprendía un aroma fascinante. La chica se cuidaba, estaba en forma y era vanidosa. Aun así había muerto sin haber ido a la cama, ni a la jaula eléctrica. Lástima, no duró mucho, el hubiera podido hacerla pasar un buen rato.
Para añadir los detalles finales Jonas Wenström enterró los miembros inferiores de Alice en una fina estructura hecha en hierro fundido, introdujo por su ano la parte restante de la estructura y rectifico la posición de la chica. Se veía como toda una rebelde sin causa, totalmente sexy. Alice Lindberg muy provocadora vestía minifalda de cuero negra, medias de maya rojas y negras con diseños, botas de tacon negras un tanto dexcuidadas, camisa básica negra de tirantes y una chaqueta ajustada con el logo de una banda de rock que destacaba su busto perfecto, solo le faltaba un detalle, un guiño de ojo muy fácil de conseguir. Ya era tiempo de poner en exhibición su más reciente obra.
Louis miraba aterrada las noticias, no podía creer lo que veían sus ojos. Su única hija daba un guiño a la cámara del imprudente reportero quien fue inmediatamente frenado por el personal de la policía. Desde Skansen, museo al aire libre de Estocolmo, “el artista” les enviaba saludes a los medios a través de su más reciente obra. Más tarde Jonas Wenström aparecería en el mismo noticiero repudiando tales actos de violencia contra su sobrina, pidiéndole a los medios y a la justicia una pronta resolución del caso.
