miércoles, 22 de mayo de 2024

Solo polvo


Es polvo, solo polvo.
Cubre con una delgada capa todo a su alcance
los méritos alcanzados, los libros escritos,
los recuerdos de viajes y aventuras,
los pequeños tesoros heredados,
las fotos con amigos y amores.

Es polvo, solo polvo.
Una capa fina y casi imperceptible,
pero nunca prístina.
Se acomoda sobre la memoria cobijándola
pero quitándole su brillo.  

Es polvo, solo polvo.
Cubre los libros no leídos de la estantería,
las obras de arte hechas por amores pasados,
y las hojas suplicantes de las plantas.

Es polvo, solo polvo.
Periódicamente, cómo una tarea inútil
el polvo se limpia.
Y entonces las diminutas partículas
se levantan del estante
y brillan en su danza a contra luz.
Y solo en ese fugaz instante, el polvo es bello.

No es polvo, es tiempo
Y con el tiempo mis errores se van acumulando
como el polvo sobre las estanterías.
El polvo cubre tesoros, fotos y recuerdos.
Cubre libros, amores, arte y hojas suplicantes.

No es polvo, nunca es solo polvo.
Una delgada capa de partículas de errores 
cubre todo a la espera de algún día ser bella,
aunque sea por un fugaz instante.  

jueves, 13 de febrero de 2020

Vuelta la cámara o vuelta la palabra


Volver vuelta el tiempo. Volver vuelta el cuerpo.
Cómo quisiera escribir como antes, antes de pensar en Cine.
Ser otra, y nadie sino la misma pero vuelta atrás.
Volver el mundo y entender en que pliegue y despliegue de la vida que he transitado se me grabó la idea de abandonar las palabras.
¿Puedo pensar aún con palabras?
¿Donde quede esa?
¿A dónde irá esta?
¿Acaso esa y esta no son? ¿No están?
Esa ella, esa yo, esa nosotras, ¿No es acaso la que quiere volver vuelta?
Vuelta la cámara o vuelta la palabra.
Vuelta nacer mundos en tiempos de huracán, que es donde la flor de la palabra, semilla, es herramienta y material de construcción.
Vuelta parir mundos bien paridos para no decir vuelta que quien no hace lo que siente la vida se le atasca.
Vuelta amanecer del mundo, vuelta volver a la utopía, vuelta descubrir que la utopía, por definición, puede no corresponderse a sí misma y brotar en cualquier cielo y cualquier suelo. Vuelta a la flor de la palabra que historia nace, que memoria engendra.
Vuelta a las alas que otros nos cosieron a la espalda y que ahora nos permiten volar al sol como gaviotas.
Vuelta a la voz de ella, susurrándome al oído el valor del relato intimista.
Vuelta a los dioses que se quedan dormidos bajo la frazada de la tierra verde para convertir su cuerpo en montaña.
Vuelta a darse la vida vuelta.
Vuelta a mirar a los ojos a la muerte pensando que lo importante es que ella aún no te ha tocado, vida, muerte y vuelta.
Vuelta preguntar cómo volver vuelta en la pantalla si las escaletas son escaleras lineales A+B y la vida es un árbol frondoso y fractal que se multiplica hasta el infinito.
Vuelta inventar la narrativa, vuelta pensar que la palabra rendirse no existe en la lengua verdadera.
Vuelta pensar formas de encontrar caminos de palabra o imagen que nos conduzcan al idioma que se habla en comarca escondida del universo.
Vuelta parir mundos y parir palabra. Ginsberg, Kensaburo, o el Sub comandante Marcos. Los Darden o Adirley Queiroz. Los Guna o los Pastos, artesanos que moldean mundo al narrarnos el secreto de su naturaleza, la nuestra.
Vuelta al mareo, vuelta a la náusea que deviene de las muchas vueltas.
Volver vuelta el cuerpo, regresar el exceso de vino o de vida.
Vuelta después la limpieza, reconocerse asqueroso y asquerosamente vulnerable.
Volver vuelta y ver tu propio interior sea tu sombra, tu miedo o tu vómito, reconocerse y desprenderse.
Despedirte de ti, de ella, de esa que ya no eres.
Volver vuelta el alma, eso es sanar, sanar y sanar a otros.
Volver vuelta a la raíz, descolocar(se) y retornar un poco nueva y un poco vieja con lo poco o mucho que pudiste agarrar del carnaval que se te sembró en el cuerpo.
Volver vuelta el cuerpo y volver vuelta el tiempo.
Dejarse ir. Sobre todo... Dejarse ir.

sábado, 2 de febrero de 2019

Del sentido común, Isabella Wills y otros demonios



Hace tiempo que sentía la necesidad de escribir algo como esto pero mis pretenciones nunca pasaban de una idea de trancón en transmilenio o una charla. En fin, hace mucho que quería sentarme a quejarme de todo y nada al mismo tiempo frente al teclado.

¿De donde saqué el valor? Claro que si, de Isabella Wills. Ustedes se preguntarán ¿Por que de ella? Dos razones, la primera muy sencilla, si ella puede exponer su profundo enojo con argumentos tan sólidos y esas reflexiones que dan cuenta de su muy profunda visión de la realidad, pues yo también puedo, ella, mi nueva super heroína de las opiniones me infundió coraje. La segunda, y antes que nada aclarando que la verdad no me siento muy diferente a ella, ni con la autoridad moral para juzgarla, es que siento una necesidad profundamente visceral de poner sobre la mesa varios de los conceptos que usa para explicar su enojo.

No pienso tomarme el trabajo de ponerla en contexto porque creo que si alguien lee esto alguna vez, es porque este texto tiene su nombre en el titulo (dulce ironía). En principio, me tomé el trabajo de seguirla en Twitter, cosa que entre ayer y hoy han echo muchas personas... No sé podrá decir que le hicimos un mal, ya hasta se puede convertir en influencer. En fin, me leí todos sus retwitts relacionados con el fenómeno digital en que se convirtió y las entradas de su columna, que acepto, es amena de leer. A continuación algunos cuestionamientos y conclusiones superficiales sobre el tema.

Sobre el sentido común
Lo primero que llego a pensar es que creo que Isabella no prestó mucha atención a sus clases de comunicación social (le voy a dar el beneficio de la duda a la Universidad de la Sabana). Alguna como introducción a la comunicación, fundamentos o algo así. Y es que es precisamente en esas materias en que uno aprende sobre algo que se llama la producción de sentido y el sentido común, termino que Isabella utiliza un montón pero que conceptualmente no maneja muy bien. ¿Por que creo que Isabellita tenía entonces la cabeza en otro lado? Porque desde hace mas de un siglo teóricos de la comunicación están diciendo que precisamente el sentido común al que tanto se refiere ella, depende de los contextos de los sujetos, y lejos de ser común, es una apropiación que depende de un montón de factores sociales y comunicativos .

No querida Isabella, no es que no hayamos estrenado el sentido común, es que el sentido común es un sistema cultural de conexiones entre juicios, vivencias de cada persona y creencias inherentes a cada uno relacionadas con su contexto social, histórico y económico. Creo que no me equivoco en afirmar que mis estudiantes de primer semestre de comunicación entendieron mejor a Saussure y Geertz y el concepto de Semiosis social que Isabella, que ya es toda una profesional.

Sobre la desinformación, los medios y el periodismo

Aquí mi critica va un poco más lejos y me empuja a cuestionarme ¿Que carajos puede esperarse del sentido común personal de Isabella, si siendo comunicadora Social, toda una periodista profesional dice que no tiene idea porque es esa marcha de la que se está quejando? ¿Como carajos es que alguien que se supone que estudió cinco años para investigar, analizar y difundir la información ni siquiera es capaz de informarse un poco antes de hacer el montón de juicios de valor que hace la susodicha? Y ya después trascendiendo un poco a Isabelita como sujeto ¿Que podría esperarse de la información que llega a nosotros en los medios de comunicación, si los que los manejan tienen este tipo de prácticas comunicativas?

Claro, y es que nadie está diciendo que Isabella dijo esto en la transmisión del noticiero a medio día, finalmente fue una declaración que hizo para sus "amigos" en redes sociales, pero si lo analizamos a profundidad me surge otra pregunta ¿Si este es el nivel de tratamiento que le da Isabella a la información que llega a ella de forma directa y que la afecta al parecer de manera tan potente y profundamente personal, cual será el nivel de profundidad de análisis que hace de la información a la que solo tiene acceso por fuentes externas y que no la afecta directamente?

Es decir, si Isabella puede lanzarse sin mas, a hacer un montón de conjeturas que más parecen de una niña de doce años que de una periodista (como que quienes marchan lo hacen porque no tienen trabajo), frente a un hecho de la realidad que le está tocando de primera mano ¿Que tipo de conjeturas podrá llegar a hacerse de hechos de los que no tiene un referente tan claro? Por ejemplo ¿Que tipo de conjeturas hiladas a la ligera puede llegar a tener de temas de actualidad social o geopolitca de las que tanto le gusta escribir en su columna? Trascendiendo de nuevo a Isabella me queda el sabor amargo en la boca al cuestionarme ¿Cuantas de este tipo de apreciaciones no son transmitidas a nosotros por los medios como "la realidad de la noticia"? ¿Cuantos de este tipo de sesgos no han sido el sustento de los arcos narrativos de las novelas que han hecho parte de la educación emocional de toda nuestra sociedad?

Mirar la paja en el ojo ajeno

Aquí no voy a hacer mucho más que dejarles una cita de la misma Isabelita, porque ella es quien nos invita a hacer un ejercicio. Uno que yo pongo en duda que ella practique a conciencia (o con la suficiente profundidad analitica) muy seguido. Finalmente creo que Isabella y yo no somos tan diferentes. Solo congeturas sueltas y quejas de quienes se quejan. Entonces los dejo con las palabras de nuestra nueva celebridad digital y la invitación a que se las tomen tan en serio como ella se toma llegar tarde a cine Tonalá.

"Así que, anímese a sacar del empaque al ""sentido común"", ¿cómo? Investigando, no solo leyendo titulares, no forjando su criterio a punta de youtubers y medios de comunicación pagados por el Estado; haciendo la sumatoria en su cabeza sobre los resultados que le puede traer “x” o “y” acción, poniéndole ""lógica"" a cada situación y sobre todo, no repitiendo lo que todo el mundo dice. Usted analice. Verá como esto se compone si más gente se dispone"

Y voy a terminar así, sin una conclusión clara y otro montón de preguntas que de pronto haga después o quizá nunca haga, porque como dije mas arriba, el objetivo de este escrito, era mas que nada sacarme de encima esta sensación visceral causada por el echo de que mi sentido común sea tan diametralmente opuesto al de Isabella Willis.





lunes, 9 de noviembre de 2015

Crónica de un naufragio

Vieron el azta, el mástil y un trozo de vela del barco desaparecer entre las aguas. Las burbujas y la espuma blanca, que se arremolinaba por el hundimiento, dieron paso a la serenidad del mar azul y malva que mecía sus cuerpos en el oleaje. Así, medio nadando, medio flotando en la inmensidad de aquel cuerpo azul, se dejaron arrastrar hasta la orilla que no estaba tan lejos. El barco se había hundido a poca profundidad. Mientras dejaban sacar la sal y el dolor de sus cuerpos, vieron también el atardecer y se dejaron cubrir por la tibieza del sol. Hablaron de cómo, ahora los pececillos encontrarían en la embarcación un hogar, de cómo, quizá con los años, remolinos, esponjas, estrellas y peces de todos los colores irían formando arrecifes de coral.

El amarillo dio paso al naranja, el naranja al rojo, el rojo al violeta y el violeta al azul profundo y cada vez más profundo. Así, el cielo se vistió de azul oscuro y de puntitos brillantes que danzaban reflejándose en el oleaje. Cuando el frio de la noche empezó a envolver sus cuerpos, descubrieron que era el momento de la despedida, no solo el uno del otro, sino también del barco. Ese que sabían que seguía ahí, aunque no lo veían, sentían aun su cercanía. Era hora de decir adiós, de despedirse de los recuerdos que moraban en la embarcación y que ahora serían roídos por la sal y los peces. También de los puertos en los que habían atracado, de los descubrimientos que habían hecho, de las noches que habían navegado, de la tripulación que habían formado.

Pero era la hora de la despedida, la hora de decir adiós. Aun así, siguieron ahí sentados. El frio de la noche entumeció sus pies y enfrió sus cuerpos, entonces se sentaron mas cerca y vieron los puntitos danzarines vestir el cielo y el suelo, el suelo que no era suelo sino agua. Jugaron a ver como su aliento parecía humo y recordaron su niñez. Contaron un par de historias de marinos y barcos fantasmas

Se hundió mi barco.
Desde antes,
antes de tener barco,
tuve brújula.
No soy naufraga.


Desde antes,
antes de tener barco,
aprendí a nadar.
No estoy a la deriva.


Desde antes,
antes de tener barco,
existía la mar.
La infinita mar.

Para sonreir

¿Para qué? ¿Para qué sirve preguntarse para qué? ¿Acaso para aprender, acaso para entender? ¿Para qué? ¿Para qué sirve aprender? ¿Para qué sirve entender? ¿Para qué sirve preguntarse para que sirve aprender o entender? ¿Para vivir? No. Vivir sirve para aprender y no al contrario ¿Y no al contrario? ¿Es acaso posible que exista una vía contravía en esta vida? No. No sé. ¿Para qué? ¿Para que quiero saber yo todo esto? ¿Para qué vivo preguntando para qué? ¿Para qué sirve saber si hay contravías? ¿Para qué sirve preguntarse para que sirve saber si hay contravías? ¿Para qué sirve preguntarse, aprender, saber, entender, vivir o morir? 

¿Para qué? ¿Para qué sirven los sueños? ¿Acaso para aprender, acaso para entender? ¿Para que soñamos? ¿Para qué? Si vivimos en un mundo que pone precio a nuestros sueños y los subasta al peor postor bajo la etiqueta de ilusorios. ¿Cuánto? ¿Cuánto cuestan nuestros sueños? ¿Un chocorramo? ¿Quinientos millones? ¿Tres, trece, treinta puñaladas? ¿Cómo? ¿Cómo hemos de soñar el mundo? ¿Cómo hemos de caminar los caminos de nuestros sueños?

¿Para qué? ¿Para qué caminar? ¿Para qué recorrer? ¿Para qué recordar? ¿Para qué sirve recorrer y recordar en un mundo donde los caminos desaparecen de pronto bajo locomotoras y donde los caminantes amanecen con los pies cercenados tiritando, y desangrándose en cualquier esquina de la ciudad? ¿Para qué? ¿Para que cercenan nuestros pies? ¿Cuánto? ¿Cuánto tiempo vamos a tener que huir? ¿Qué tan grande debe ser el mundo real o que tan grandes han de ser nuestros sueños para que encontremos refugio? ¿Cuán grande tiene que ser la pecera? ¿Cuán grande tiene que ser el espacio que construimos para volar, para soñar, para ser libres? ¿Cuanto? ¿Cuánto tiempo ha de pasar para que este mundo no sea un refugio sino un hogar, un hogar para todos?

¿Para qué? ¿Para qué volar? ¿Para que soñar? ¿Para qué ser libres? ¿Para qué construir peceras? ¿Para que, si a los pájaros libres les disparan escopetazos por diversión, por envidia de sus alas? ¿Para qué pecera? ¿Para qué alas? ¿Para qué caminos? ¿Para qué vida? ¿Para que conocimiento? ¿Para que sembrar semillas, si nosotros sembramos diez y ellos talan cien? ¿Para qué resistencia, para que lucha? ¿Para qué palabra que acuerdo nace? ¿Para que hurakan? ¿Para que corazón del cielo? ¿Para que, si la palabra que acuerdo nace es silenciada, desaparecida, cercenada, condenada y lapidada?

Preguntarse para aprender. Soñar para aprender. Amar para aprender. Hacer arte para aprender. Luchar para aprender. Resistir para aprender. Reír para aprender. Llorar para aprender. Volar para aprender. Caer para aprender. Caminar para aprender. Recorrer para aprender. Recordar para aprender. Sembrar para aprender. Cosechar para aprender. Y hasta morir, para aprender. Aprender para vivir y vivir para aprender.

Vivir para volver desde la tierra, desde los sueños enterrados, cercenados, desaparecidos. ¿Para qué? Para que la muerte y el dolor no hayan sido en vano. Para honrar a los ancestros que sacrificaron su sonrisa, esperando poner una en nuestra boca ¿Para qué? Para soñar y construir peceras, peceras mundo donde quepamos y volemos todos. Peceras donde los que tengan los pies cercenados puedan volar, peceras donde los desaparecidos aparezcan, así sea a través de sus historias, y puedan enseñarnos con ellas. Peceras llenas de memoria, llenas de voces que por generaciones fueron acalladas. Peceras donde los que no tengan boca tengan voz. 

Peceras llenas de músicas, de formas, de colores, de visiones de mundos que ayuden a conocer y crear un mundo, una historia del mundo, el mundo soñado... El mundo que esperamos traer a vivir aquí, para vivir en el desde nuestros sueños. Peceras donde la vida florezca. ¿Para qué? Para ver florecer la vida. ¿Para qué? Para sonreír. ¿Para qué? Para nada, si es que yo creo que al mundo vinimos para sonreír. 

sábado, 9 de mayo de 2015

Y entonces, uno se pregunta

¿Hay blancos que prefieren el estereotipo indio listo, pero solo para la foto? ¿Algunos indígenas prefieren emplumarse para sacar provecho del estereotipo que los blancos esperan?

Juzgamos y aplaudimos a los indios que se empluman, pero también juzgamos y condenamos a los que no se empluman porque nuestros indios se nos están blanqueando.

Todo esto desde lejos, como si esos indios fueran una historia que no nos toca. 

¿Es que los indios no pueden romper los estereotipos? ¿Qué prácticas, o que disciplinas, que modos de vida son propias de los indios? ¿De los blancos? ¿De los monos? ¿De los amarillos? ¿De los negros?

¿Qué hay que escuchar? ¿Qué hay que comer? ¿Cómo hay que sentir? ¿Donde hay que ir? ¿Dónde hay que vivir? ¿Cómo hay que ser? ¿Es que acaso, al mundo no vinimos todos a ser felices?

¿Es que acaso no todos somos humanos? 

-Cuentos Cortos. Carlos Jacanamijoy. Fragmento. 

miércoles, 29 de abril de 2015

¡¡A la mierda!!

A la mierda, a la mierda todo.
A la mierda este nudo en la garganta,
a la mierda las explosiones en el pecho.
a la mierda las mariposas en la panza.

A la mierda las miradas, las caricias,
los besos y las palabras.
A la mierda esas otras maravillas
que parecen inventadas.

A la mierda con toda esa mierda.
A la mierda el amor y a la mierda la vida
que sin amor no sería ni mierda.