martes, 28 de junio de 2011

El alma gemela, la luna menguante y el estanque encantado

Erase una vez un alma que viajo a un lugar lejano a donde no conocía a nadie, deambulo días enteros por bosques, montañas y prados, Sus ojos se llenaron de atardeceres y así fue como el mundo se olvido de ella y sus recuerdos se llenaron de lunas y así fue como ella se olvido del mundo. Y así pasó el tiempo y pasó todo el caluroso verano, pero un día recordó; ella estaba escapando de su aldea natal porque sentía que su corazón no pertenecía allí e iba buscando algo que le había sido arrebatado y aun así jamás la había pertenecido, debía entonces encontrar un lugar en el que su corazón se sintiera completo.

Llego a un paraje maravilloso donde las hojas de los arboles de otoño cubrían cada rincón del suelo, Los arboles dibujaban con sus ramas en los rojos atardeceres y el cielo gris susurrante se reflejaba en un estanque donde el tiempo perecía detenerse. Ella se sentó allí a contemplar el estanque, pasaron así las horas... aquel lugar no parecía muy concurrido cosa que le agradaba y le extrañaba al mismo tiempo, no supo cuanto tiempo transcurrió con exactitud, aquella chica se descubrió a si misma sentada al lado del estanque contemplando en él la luna menguante reflejada.

Entonces vio que algo se interpuso en el reflejo y en sus pensamientos; aun mas en ellos, vio entonces unos ojos negros penetrantes que de inmediato atraparon su atención devolviéndole la mirada, levanto su rostro y vio a un muchacho de pelo negro espeso y revuelto de semblante amablemente misterioso que la miraba a través del reflejo en aquel estanque, pero detrás de si había otro reflejo... uno lúgubremente familiar, era el anciano mago de su antigua aldea a quien ella odiaba.
Aquel mago hablo en un antiguo lenguaje que ella había tenido que aprender pero que no gustaba mucho de hablar, su voz salió rauda y clara penetrando los espíritus de aquellos dos jóvenes, dijo:

- Veo que habéis venido hasta muy lejos a conocer personas de alma libre como tu... Os presento entonces, así ahorrare tiempo de sus igualmente vanas vidas.
- He venido a buscar mi gemelo aquel que vosotros arebatasteis de mi alma antes de que naciéramos, voz lo sabéis.

El anciano dirigió entonces una mirada que ella nunca había visto proveniente de él, sus grandes ojos grises perfectamente enmarcados por sus anteojos se entristecieron y su voz cambio de tono, profirió un susurro que poco a poco dejo su aliento casi seco pero aun así, firme, se dirigió ahora a ambos jóvenes.
-Caballero, damisela... ya se conocen ahora pueden seguir su camino y dejar este incidente en el olvido... recuerden que es por su bien, el destino tal vez pueda ser engañado de nuevo.

Así tan misteriosamente como había llegado aquel mago, desapareció entre la sombra de los arboles de otoño dejando tras de sí un aura de misterio y ciertas ganas de estrangularlo... ganas que aquella chica conocía muy bien mas tratándose de ese viejo sabio que decían algunos era mago y hasta vidente. Pensó entonces en dejar aquel paraje e irse aun mas lejos tanto que el nunca, nunca pudiera encontrarla. Pero en el destino y las estrellas estaba escrito que ella se quedaría al lado de aquel estanque y así ocurrió.

Por un momento su mirada se encontró de nuevo con la de aquel caballero y comprendió entonces las palabras de aquel anciano este era su gemelo, el pedazo de su vida que nunca le perteneció pero que aun así había sido siempre suyo, era eso, era él lo que ella había buscado por tantos otros parajes. El pareció comprender lo mismo, una sonrisa completó aquel encuentro, una mirada les confirmo que se he habían conocido desde antes de nacer.

Fue así como se entablo una entrañable amistad que creció en el siguiente invierno, estos dos jóvenes se conocían perfectamente eran como una misma alma dentro de dos cuerpos distintos, ellos desarrollaron una conexión que algunos solo han llegado imaginar se decían hermanos y en realidad lo eran, eran hermanos de espíritu ya que sus miradas apuntaban siempre el mismo punto, pero sus ojos veían las cosas tan diferente que se complementaban y hacían de su mundo un perfecto equilibrio.

De esta manera aquel caballero se sintió al fin completo y aquella chica sintió que ya no faltaba nada en su corazón. Nunca se besaron, nunca se acariciaron y juraron nunca hacerlo... Jugaron en el lodo y sintieron sus cuerpos flotar en los valles nevados, veían con los ojos de su corazón al otro como a una parte perdida de sí mismos que ahora habían tenido la fortuna de encontrar. Así paso entonces la primavera y el verano siendo aquel estanque testigo de incansables conversaciones sobre misterios, historias y bromas aun por realizar, sobre los poderes mágicos que les habían sido ahora entregados y sobre todas nuevas ideas que tenia para hacer su existencia la mejor de todas las aventuras.

Entonces al llegar el otoño de nuevo y darse cuenta que ya un año había pasado notaron que nada podría nunca volver a estar mal, que ahora se sobreponían al destino que los separaba y tenían el poder de equilibrar el mundo con solo juntar sus ideas, cada luna menguante recordaron aquel día que habían conocido espíritu gemelo, la luna les devolvía una sonrisa picara que ellos interpretaban como la aprobación de cada una de sus travesuras, aquellos hermanos ya nunca estaban solos, ni siquiera cuando dormían por aquellos espíritus inseparables ahora se encontraban juntos hasta en el mundo mágico de los sueños, y así paso el nuevo otoño y el nuevo invierno, con guerras de nieve, pociones mágicas y mapas estelares planeados para el resto de sus vidas.

Pero un día frio de los primeros brotes primaverales llego a ellos una terrible noticia, la madre de la chica había caído enferma y había muerto, ella tendría que regresar a su aldea a tomar el liderazgo si no quería que este cayera en manos de aquel viejo brujo que ella detestaba tanto, ella tenía motivos para hacerlo, había sido él quien con consentimiento de su padre había separado dos almas antes de nacer para que no pudiesen crecer en un mismo cuerpo. Pero ella y el destino ya habían solucionado aquel problema.

Ambos corazones se negaron a separarse y entonces una mágica y brillante solución volvió a regresarles su tranquilidad un hechizo bastante simple que los jóvenes dominaban ya fácilmente; cada día con el primer rayo de sol ella por arte de magia aparecería junto a la cama de su madre, se sentaría en la mesa del concejo y lo lideraría y cada noche con el primer rayo de luna o con la primera estrella ella aparecía junto a aquel estanque para estar con su hermano, su gemelo, su parte de vida.

Así paso una nueva primavera llena de caminos florales iluminados por el manto estelar y un hermoso verano flotando entre esporas y mariposas somnolientas a las orillas de aquel estanque. Ellos entonces descubrieron que eran parte cada vez mas parte el uno del otro y gracias a esto a la estreches de sus espíritus y el poder de su magia desarrollaron un gran y nuevo poder.

Era así como sus susurros, aun los más leves se esparcían por el viento junto a la más suave brisa; así se comunicaban en el día y junto a los rayos del sol las palabras, las bromas, los secretos, los nuevos planes de travesuras y los insultos cariñosos que caracterizaban sus locas conversaciones ahora atravesaban bosques, ríos, montañas y valles en cuestión de segundos y llegaban a oídos de su gemelo tan suaves como se habían proferido. Entonces cuando llegaba la noche junto a aquel estanque se dedicaban a contemplarse a mirar en sus ojos a través de su alma; su única alma... ahora eran uno solo.

Entonces lo notaron; aquella amistad, aquella entrañable amistad que luego se había convertido en hermandad y era ahora un vínculo espiritual inconmovible era más fuerte que nunca, algo más poderoso, aquello era amor.

Cuando llego el otoño ambos lo sabían pero ninguno quiso aceptarlo porque un día jugando en el estanque habían prometido jamás verse de esa manera.

-¡Nunca!
-¡Jamás!

Ambos lo prometieron y ahora una parte de su única alma quería romper aquella promesa, los rojos atardeceres eran testigos de aquella unión y con cada hoja color ocre profundo que se precipitaba desde las copas de los arboles crecía un nuevo sentimiento. Pasaron los meses y esa parte de su alma fue haciéndose cada vez más fuerte, ya ninguno podía disimularlo pero aun así no lo confesaban y trataban de esconder lo inescondible.

Fue entonces invierno; uno más frio y más duro que todos los otros pero ellos lo amaron más que nunca ya que el sol solo salía algunas horas y la luna reinaba la mayor parte del día... El hechizo mantenía sus cuerpos separados solo unas pocas horas que parecían cada vez más eternas, entonces un día de aquellos primeros días menos fríos, se miraron y ambos tuvieron que admitirlo aunque ninguno dijo nada al menos no con palabras.

Solo se miraron, entonces quisieron besarse y congelar aquel beso por siempre manteniendo en el aquel amor puro de aquella única alma que nunca debió haberse separado. Pero el primer rayo de sol broto por la cima de la colina mas alta y se llevo con él a la chica con en su hechizo. Ese día no hubo más que un susurro; uno largo y tierno uno que pareció acariciar los valles aun nevados y las colinas aun cubiertas con aquel manto sacro, uno que decía.

-Te esperare esta noche y te tendré entonces para siempre, en tanto soñare contigo.


En respuesta solo hubo un -Te amo- que recorrió bosques y ríos congelados así como recorrió todo el espíritu del caballero.

Ese día no hubo mas susurros y las horas pasaron lentas en aquel concejo... muy lentas, al esperar el primer rayo de luna. Cuando llego el crepúsculo tiñendo las nubes naranja y violeta, coloreando el suelo y el cielo de un profundo amarillo terracota, la chica se sentía eufórica y aguardo a que la luna la llevara al lado de su alma gemela , así fue, se encontró por arte de magia al lado del estanque aun congelado, pero allí no estaba el.

Solo estaba aquel anciano, aquel que ella odiaba que dijo con voz triste, -les dije que no debían entrecruzar sus caminos, les advertí que el manto estelar no debió cubrir sus destinos en una misma dirección nunca.- Suspiro profundamente y desapareció de nuevo tras los arboles cubiertos de blanca y espesa nieve.

Ella corrió a la casa de aquel chico con la esperanza de que aquel vacio en el pecho fuera solamente una mala pasada consecuencia de las palabras del anciano brujo, pero en la entrada solo encontró a su madre que ahora ella veía como propia y que con voz entre cortada dijo -no pude despertarlo, no quiso despertar- los ojos se le llenaban de lagrimas y su rostro estaba totalmente inexpresivo como desconectado de la realidad, nunca... nunca pronuncio nada más que esas palabras y las repitió hasta que fue una sola con el valle unos veranos mas tarde… -no pude despertarlo, no quiso despertar.

Entonces aquella chica sintió como su alma gemela ya no estaba más, ya no habrían más susurros, ya no habían más miradas y nunca más habrían más travesuras.

Ya no estaba el, fue entonces cuando comprendió que sin embargo el jamás moriría porque ella y él en su alma eran ahora una sola, aunque ella jamás podría besarlo, jamás podrían haber más susurros, mas atardeceres o mas juegos en la nieve. Ahora solo estaba su esencia que ella se dedicaría a guardar y a proteger para siempre como la única alma que habían sido a partir de aquella noche de luna menguante al lado de el mismo estanque.

Fue así como regreso por el camino oscuro

Lleno de hojas como en otoño
Lleno de flores como en primavera
Lleno de mariposas como en verano
Y lleno de soledad  como el invierno


FIN

miércoles, 8 de junio de 2011

El día en que las olas bañaron las estrellas del atardecer.

Es increíble que se tengan que recorrer miles de kilómetros para encontrarse con uno mismo. Ahí estaba yo y ahí estaba el, yo lo sabia aunque no podía verle… pero si podía sentirle más fuerte y más cercano que nunca. Intente antes relatar su historia, pero siempre la esencia que flotaba en el aire al invocar su nombre me lo impedía, fue entonces que me descubrí; sola e incapaz de traerlo de nuevo a la vida.

Por fortuna la luna estaba llena, una luna menguante hubiera afectado mis facultades… Tanto como lo hacia el roce de sus dedos en mi cuello, el lo sabia pero ninguno de los dos lo aceptaba, entonces años después y ahora en mi encuentro con la magia, lo sentí de nuevo en mi cuello ahí estaba el, presente, presente como siempre pero esta vez yo no era la única que notaba su ausencia indeleble.

Es entonces cuando recuerdo la voz de aquel hechicero aquel que me decía que la magia no se busca, aquel que me dijo que la magia seria quien me encontraría, la magia flotaba en el aire, eran las noches tan estrelladas y el mar tan potente, podrías perderte en la hermosura de los atardeceres y la dulzura de cada amanecer, entonces es así como la magia entra, entro esta vez recia como una tempestad. Melancolía tristeza y alegría todas mezcladas en ese caluroso cuarto lleno de pociones para invocar amores, generar ilusiones y provocar desengaños.

Ahí estaba ella imponente, abrí mis ojos y vi su sonrisa distorsionada por el humo del tabaco, sentí sus pesadas manos tocar mis tobillos. Ella estaba rodeada por un aura de misterio y enigma que solo el poder de su magia podía otorgarle.

Ahí estaba yo frágil, fue así como exhalo profundamente el tabaco y vio mi alma desnuda, sus manos sintieron mi esencia y mi piel desamparada, yo estaba rodeada de una extraña energía que jamás podría describir… La pureza de sus palabras quebrantó mi frágil corazón.

Me miro directamente a los ojos y me dijo casi susurrando palabras que aun así retumbaron en mi cerebro como si las hubiese dicho con un altoparlante: -Ambas sabemos que el está aquí, ambas sabemos que nunca te ha dejado, pero él quiere que hoy sepas; siempre será tu eterno caballero y la máscara que ahora utiliza para llegar a ti es con frecuencia el rostro de quien menos has esperado y quien más ha aguardado por tu presencia aunque ni el lo sepa ni tu lo quieras aceptar.