Entonces me senté y lloré. Me senté en una silla de bus chiquita y dañada, de esas que nunca te permiten estar cómodo pero por las que igual peleas al subirte en la mañana, llore en un bus, eso es más real que llorar a la orilla cualquier rio.
Ahí me senté y lloré, en silencio. Lloré pasando frente al monumento a los soldados caídos con música fúnebre de fondo, de esas que dejan hueco en el alma. Lloré porque nunca se ha levantado un monumento a los indígenas caídos, a los campesinos caídos, a los trabajadores caídos o a los estudiantes caídos. Lloré porque yo lloraba, a nadie le importaba y eso era prueba de la razón por la que lloraba. Lloré porque todos lloran y a nadie le importa, lloré por mi lucha y por la de mis compañeros, lloré porque recordé que muchos piensan que esa misma lucha no es de ellos.
Lloré porque aun soy capaz de hacerlo, llore sintiendo el dolor de una madre viendo morir a sus pequeños, lloré porque vi en ella morir de sus sueños. Lloré porque lloraba en lugar de acudir a ayudarla, lloré porque no sabía cómo hacerlo. Llore porque vivo en un mundo de ciegos, sordos y mudos un mundo donde no se ama, donde sentir es el peor de los pecados y donde creer es solo cosa de pendejos. Llore porque quise salvar el mundo y nunca he sabido cómo hacerlo, llore porque me vi impotente y porque aun hay mucho que no entiendo. Lloré porque se nos apaga la vida y aun así vivimos fingiendo que todo está bien, que la vida no es justa pero que ese nunca es problema nuestro.
Llore porque llorar no es desgracia, lloré porque pude, lloré porque quise, lloré porque aun siento Pero lo importe no es la razón por la que llore sino la razón por la que deje de hacerlo. Deje de llorar porque aun pienso que en la vida esa no es la salida.
Lloré, si, lloré. Pero me levanté seque mis lagrimas y me propuse cambiar el giro del mundo. Crear, soñar, construir, amar, sentir, imaginar… Sobre todo imaginar, ser lo que imagino, ser lo que quiero, ser lo que puede salvar el mundo, ser sobre todo la persona que el mundo necesita para no llorar y crear, soñar e imaginar otro mundo, un mundo a mi lado donde todos seamos quienes cambiemos el mundo.
La vida es lo que ocurre cuando danzan la luz y la sombra. ¿Y vivir? ¿Que es vivir? Vivir es danzar al ritmo de los opuestos. De lo oscuro a lo puro.
jueves, 26 de julio de 2012
lunes, 23 de julio de 2012
Cuando le ponga un nombre, se llamará como tú.
Yo nací sola. Crecí sola, nunca tuve hermanos. Yo caminé sola, nunca quise gatear. Yo jugué sola, sola en mi casa de muñecas. Yo jugué sola, me gustaban los columpios. Yo leí sola, me gustaba más la biblioteca. Yo hablé sola, por eso fui buena oradora. Yo he ido a cine sola, yo, suelo ver películas sola, yo suelo almorzar sola, yo siempre he dormido sola, yo he viajado sola, he pasado muchas navidades sola, he celebrado sola mi cumpleaños y así, sola he recibido el año nuevo, nací sin nadie a mi lado y así moriré .
A mí nunca me ha molestado estar sola, como a muchos, muchisimos les aterra la soledad.
Entonces, así como de repente, quise estar contigo. Quise crecer contigo, jugar contigo, leer contigo, hablar contigo. Me dieron ganas de ir contigo a cine, de ver contigo todas las películas del mundo, de almorzar contigo, de dormir contigo, de viajar contigo, de ser posible, cruzar el mundo a tu lado. Sentí la necesidad de pasar contigo mis navidades, mis años nuevos y de celebrar contigo mi cumpleaños. Nací sola, pero ahora inexplicablemente tengo una ganas locas de morir a tu lado.
A mí nunca me ha molestado estar sola pero ahora me doy cuenta de que como a nadie, me aterra estar sin ti.
viernes, 20 de julio de 2012
Ignorance - Paramore
Ahí estaba yo, sentada frente a una computadora. Justo como estoy ahora, pero era la primera vez, nunca la había escuchado antes… Esta buena, me gustó mucho, le dije a quien hoy sería mi mejor amiga cuando la canción terminó. Fue una buena tarde, aun recuerdo el olor de su apartamento, las fotos que tomamos y lo mucho que nos reímos, como siempre eso, lo mucho que me rió a su lado.
Ahí estábamos nosotros, sentados en el jardín de Freud, hacía frio, se iba a hacer de noche… Él tiene esa manía, traduce canciones con entonación rara, como si uno no fuera capaz de entenderlas, es curioso, como él. Le quité un audífono y me los puse ambos, escuché la misma canción unas diez veces. Al final no aguanté el nudo en la garganta y decidí quitarla, me preguntaba si tendría algún día el valor para dedicarla. ¿Mauro, nos vamos ya?
Ahí estaba yo, las lágrimas se me escurrían de los ojos, no podría contenerlas así lo intentara, pero no lo hacía. La noche ya había caído, era 16 de Septiembre, mi cumpleaños. Estaba destrozada, lloraba de rabia, de impotencia, de tristeza y de coraje… Enamorarse nunca es fácil, desenamorarse menos. Él me miraba, estaba pálido, me regañaba, la gente nos miraba desconcertada, más que todo a mí. Y a mi ya no me importaba nada de lo anterior, yo lo único que hacía era llorar y cantar, cantarle en la cara, decirle todo lo que nunca tuve el valor, cantarle por primera vez en la vida algo que me salía del alma, del corazón, con furia, con violencia, con rabia como un rió a punto de desbordarse. Nunca tuve el valor de decirle que él no era perfecto, que yo no fui la única culpable, y en una canción explote y lo dije todo. Dejé la vida en ese puente esa noche, deje el alma, el corazón y todo lo que tenía para regalarle quedo esa noche en ese puente.

Ahí estábamos, estábamos juntos. Ni la lluvia, ni el frio, ni la extraña neblina, nada pudo bajarnos el ánimo ese día. Las horas transcurrían lentas, yo había llegado justo antes del amanecer y ya estaba oscureciendo. Las puertas se abrieron, la emoción era difícilmente contenida, corríamos frenéticos. Era increíble, en unos minutos tendríamos a Paramore frente a nosotros, de repente todos nos detuvimos al mismo tiempo. El arco iris perfectamente dibujado en el cielo hizo de ese momento totalmente inolvidable, una muestra de los que vendría, un momento sublime y hermoso justo antes de la perfección hecha caos.
Ahí estaba yo, difícilmente podía respirar, tenía una baranda de metal en mi pecho y miles de fanáticos detrás mío matándose por estar en mi lugar. Los alientos se agolpaban gritando al unisonó, las luces se apagaron y la gente enloqueció. De pronto todos vimos su cabello rojo dándonos la bienvenida. Empezó a cantar y se me olvidó el mundo, ese día también dejé el alma en una canción, la misma canción, pero no con tristeza ni con rabia, sino con la más inmensa euforia. Al finalizar el concierto, alguien que ahora considero mi hermano me abrazó, fue la primera vez que me abrazó y aun siento su abrazo como si sus brazos hubieran acabado de soltarme. La gente que conocí ese día, muchos de ellos a quienes hoy quiero tanto, es algo simplemente mágico e inolvidable.
Ahí estábamos nosotros, no estoy segura de cuanto ron habíamos bebido, pero se que fue mucho, el volumen no daba más, los vecinos ya se habían quejado pero gracias al ron eso importó muy poco. Cantamos de nuevo esa canción, ella la cantaba dejando el corazón yo la miraba y agradecía a la vida haberla conocido. Cerré los ojos y me dejé llevar una vez más por la música. Es increíble, pensé ¿Como una canción puede traer y evocar tantas cosas y recuerdos? Esa es la magia de la canción, el encanto de la música, la que nos seduce, la que nos transporta, la que puede hablar por nosotros. La música que me acaricia, me estremece, me conmueve, me derrumba, me extasía y me hace vibrar por dentro.
Una historia en muchas historias y muchas historias resumidas en una sola canción.
Gracias por formar parte de uno de mis mejores recuerdos.
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