Ahí estaba yo, sentada frente a una computadora. Justo como estoy ahora, pero era la primera vez, nunca la había escuchado antes… Esta buena, me gustó mucho, le dije a quien hoy sería mi mejor amiga cuando la canción terminó. Fue una buena tarde, aun recuerdo el olor de su apartamento, las fotos que tomamos y lo mucho que nos reímos, como siempre eso, lo mucho que me rió a su lado.
Ahí estábamos nosotros, sentados en el jardín de Freud, hacía frio, se iba a hacer de noche… Él tiene esa manía, traduce canciones con entonación rara, como si uno no fuera capaz de entenderlas, es curioso, como él. Le quité un audífono y me los puse ambos, escuché la misma canción unas diez veces. Al final no aguanté el nudo en la garganta y decidí quitarla, me preguntaba si tendría algún día el valor para dedicarla. ¿Mauro, nos vamos ya?
Ahí estaba yo, las lágrimas se me escurrían de los ojos, no podría contenerlas así lo intentara, pero no lo hacía. La noche ya había caído, era 16 de Septiembre, mi cumpleaños. Estaba destrozada, lloraba de rabia, de impotencia, de tristeza y de coraje… Enamorarse nunca es fácil, desenamorarse menos. Él me miraba, estaba pálido, me regañaba, la gente nos miraba desconcertada, más que todo a mí. Y a mi ya no me importaba nada de lo anterior, yo lo único que hacía era llorar y cantar, cantarle en la cara, decirle todo lo que nunca tuve el valor, cantarle por primera vez en la vida algo que me salía del alma, del corazón, con furia, con violencia, con rabia como un rió a punto de desbordarse. Nunca tuve el valor de decirle que él no era perfecto, que yo no fui la única culpable, y en una canción explote y lo dije todo. Dejé la vida en ese puente esa noche, deje el alma, el corazón y todo lo que tenía para regalarle quedo esa noche en ese puente.

Ahí estábamos, estábamos juntos. Ni la lluvia, ni el frio, ni la extraña neblina, nada pudo bajarnos el ánimo ese día. Las horas transcurrían lentas, yo había llegado justo antes del amanecer y ya estaba oscureciendo. Las puertas se abrieron, la emoción era difícilmente contenida, corríamos frenéticos. Era increíble, en unos minutos tendríamos a Paramore frente a nosotros, de repente todos nos detuvimos al mismo tiempo. El arco iris perfectamente dibujado en el cielo hizo de ese momento totalmente inolvidable, una muestra de los que vendría, un momento sublime y hermoso justo antes de la perfección hecha caos.
Ahí estaba yo, difícilmente podía respirar, tenía una baranda de metal en mi pecho y miles de fanáticos detrás mío matándose por estar en mi lugar. Los alientos se agolpaban gritando al unisonó, las luces se apagaron y la gente enloqueció. De pronto todos vimos su cabello rojo dándonos la bienvenida. Empezó a cantar y se me olvidó el mundo, ese día también dejé el alma en una canción, la misma canción, pero no con tristeza ni con rabia, sino con la más inmensa euforia. Al finalizar el concierto, alguien que ahora considero mi hermano me abrazó, fue la primera vez que me abrazó y aun siento su abrazo como si sus brazos hubieran acabado de soltarme. La gente que conocí ese día, muchos de ellos a quienes hoy quiero tanto, es algo simplemente mágico e inolvidable.
Ahí estábamos nosotros, no estoy segura de cuanto ron habíamos bebido, pero se que fue mucho, el volumen no daba más, los vecinos ya se habían quejado pero gracias al ron eso importó muy poco. Cantamos de nuevo esa canción, ella la cantaba dejando el corazón yo la miraba y agradecía a la vida haberla conocido. Cerré los ojos y me dejé llevar una vez más por la música. Es increíble, pensé ¿Como una canción puede traer y evocar tantas cosas y recuerdos? Esa es la magia de la canción, el encanto de la música, la que nos seduce, la que nos transporta, la que puede hablar por nosotros. La música que me acaricia, me estremece, me conmueve, me derrumba, me extasía y me hace vibrar por dentro.
Una historia en muchas historias y muchas historias resumidas en una sola canción.
Gracias por formar parte de uno de mis mejores recuerdos.
:') Me sentí muy identificado con toda la entrada. Excelente!! :3
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